Los amaños en el mundo del tenis
Los amaños y las trampas en el mundo del deporte han existido siempre. De toda la vida existen unas reglas de buen comportamiento, juego limpio o la etiqueta que se le quiera poner. El caso es que, del mismo modo que ha existido siempre deportistas que han acatado las reglas de buen comportamiento, ha habido otros que han sabido burlarlas de un modo bastante discreto. En el mundo del tenis nadie es ajeno a que se producen pequeñas alteraciones en algunos partidos que preocupan a la organización que se ve incapaz de demostrar que en ese partido ha habido algún tipo de irregularidad.
Algunos se dejan perder como el que no quiere la cosa cuando cree que va a obtener poco o nada positivo con la victoria. Otros creen tener mejores planes en otro torneo o en cualquier otro lugar y deciden fingir una lesión o cualquier otra artimaña. Este tipo de sucesos suelen darse en los torneos menores, los denominados Challenger o Futures, donde la atención de los medios de comunicación es escasa y pueden realizarse todo tipo de pillerías sin que las más altas instancias puedan percatarse de lo sucedido.
El problema es cuando algo se realiza en un torneo como el de Hamburgo en el año 2006. En esos momentos, esta competición tenía un nivel de Masters 1000 y una cobertura mediática destacable. En el partido de primera ronda, un 15 de mayo de 2006 se enfrentaban dos jugadores como James Blake y Carlos Moyá.
El estadounidense, por qué negarlo, siempre ha sido un tenista muy limitado en la tierra batida donde nunca ha terminado de acostumbrarse a la velocidad mucho más lenta de la bola. Por otra parte, Moyá siempre consiguió sus mejores resultados en la tierra batida conquistando para alegría de todos los españoles un Roland Garros histórico.
El partido se resolvió evidentemente a favor del norteamericano que pese a tener problemas en una pierna, terminó llevándose el encuentro para sorpresa de todos. La prensa destacó la sorprendente derrota de Moyá ante Blake pero no hizo sangre ni fue más allá de lo estrictamente deportivo.
Las dudas comenzaron a surgir cuando solo 48 horas después se pudo ver a Carlos Moyá en el Stade de France de Saint Denis viendo a su querido Barcelona jugar la final de Champions League contra el Arsenal. Este tipo de cosas se prevén con tiempo y es algo que nunca se sabrá pero sí dará mucho juego para alimentar el escabroso tema de los amaños de partidos.